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Libro:

TESTIMONIOS   I

Medios de Comunicación que nos acompañaron en estos años

Tiburones: ángeles que nadan

Osvaldo Flores.  Diario: “La Capital” de Rosario

“Si los ángeles existen, entonces estos pibes seguro que son ángeles”. Esta frase la escuché por primera vez en boca de Patricio, y desde entonces me pareció la definición más contundente que alguien pudiera hacer de esta proeza que cada día protagonizan estos Ángeles-Tiburones, de este canto a la vida que casi nos deja sin adjetivos a la hora de describir tamaña epopeya.
Hay que vivir de cerca -aunque más no sea por un rato- tanta valentía, tanto coraje, tantas ganas de vencer a la vida para empezar a comprender la hazaña que estos pibes emprenden cada día con la idea fija de honrar la vida.
Hace falta ver los dientes apretados en sus caritas de ojos rasgados, los músculos crispados de sus piernitas torcidas, la decisión inquebrantable tras la pureza conmovedora con que la vida los premió, para recién entonces entender la grandeza que atesoran y regalan en cada brazada en el bravo Paraná, o en cada sonrisa donde quiera que sea.
Y sí, para despertar tantas sensaciones no deben ser otra cosa que ángeles. Es más: estoy seguro que lo son. Porque, de otra manera, ¿cómo explicar tanta inocente bravura, cómo justificar tamaño agradecimiento por la vida, cómo definir tanta alegría de vivir y, finalmente, cómo describir tan inconmensurable ejemplo?
Son ángeles, aunque lo quieran disimular con el “¡somos tiburones!” con que le enrostran (o le agradecen) a la vida la zancadilla que no logró quebrarlos, sino fortalecerlos hasta conseguir un verdadero milagro: que quienes hasta ahora nos creíamos “normales” pudiéramos ver el alma de cada uno de ellos, así, a simple vista.
Después, cómo olvidarlo, está Patricio. Y los profes. Hombres y mujeres que mucho tienen que ver en este milagro de los Ángeles-Tiburones. Tipos que se convirtieron en especiales desde el mismo momento en que abrazaron a cada uno de estos pibes y su causa de vida.
Queridos Ángeles: hoy somos todos Tiburones. Y lo somos por ustedes, por sus familias, por Patricio y los profes, por cada uno de los tantos que extendieron y extienden su mano para hacer realidad esta epopeya cotidiana de vivir.
Gracias por enseñarnos a comprender que la vida misma es especial y merece ser vivida con orgullo y dignidad. Ese mismo orgullo y dignidad que ustedes, queridos Ángeles, nos recuerdan cada vez con ese grito que ya es de todos: ¡Tiburones! 

 

Nadar se parece a la libertad y a la felicidad

Dr. Luis Novaresio, Canal 3 y Radio 2  de Rosario

Uno: Nadar se parece a la libertad y a la felicidad

Tengo frío, pensaste. Tengo que ir al baño, sentí en mi panza. Nadar se parece a la libertad, repitió Mario y volvió a mirarnos. El frío y la panza seguían. Es que apenas teníamos trece o catorce años y uno creía que la libertad, en el peor y más acuciante  de los casos, era un sustantivo femenino singular que había que hacer rimar si nos ponían a poetas en la clase de literatura. Y eso estaba bien. ¡Cómo extraño aquel estado de vivir con horizonte de futuro interminable!, me dijiste ahora. Demasiada filosofía para unos cuantos adolescentes que terminaban de entrenar una tarde entera en la pileta cubierta de Provincial y esperaban irse a casa a comer  viendo en la tele "Los hijos de López", previo paso por el vestuario para esconderle el bolso al que cayera de punto ese día. Éramos nadadores federados, es cierto. Pero esencialmente éramos pibes.  La fiesta era sencilla, si hoy la miro desde mis cuarenta y pico. A las cinco de la tarde, cada día, entrar a la piscina con olor desaforado a cloro para nadar hasta diez mil metros divididos en series de cien o doscientos metros repetidos en diez. A veces, era ir y venir de a cuatrocientos y, el peor de los mundos, (¡cuánto rencor te guardo, Mario) cuatro de mil quinientos y veinte de cien metros. Éramos de la época en la que Mark Spitz había hipnotizado a todos y el tipo mostraba sus ocho medallas olímpicas luego de haber nadado y nadado y nadado.  Eso nos hacía el entrenador, te dije, esperando tu gesto de misericordia retroactiva. Y nada. Me decís que te quedás pensando en la libertad nadando.
El agua es otro medio. Hay que saber primero domar esa viscosidad infrecuente, reconocer tu cuerpo en el líquido que aparentemente remata todas las leyes de gravedad de la tierra y finalmente ¡finalmente!) saber deslizarte sobre ella como quien hace el amor sobre el cuerpo deseado. Silencio. Este tipo está loco, me dijiste. Si la madre de Pizón lo escucha lo denuncia por pornógrafo. Mario seguía insuflando filosofía a aquellos pibes lejanos (¡a nosotros, a vos, pavo!) que terminaban de entrenar una tarde anterior a la competencia de natación y les enseñaba qué cosa era la mística. Aquellos chicos, nosotros, teníamos toda la fuerza que se puede tener en los brazos y en las piernas para que pudiéramos cabalgar con libertad en el vientre del agua tibia. Y recién ahora, con cuarenta y cuatro, ahora lo entiendo. Nadar, chicos, decía el gran profe  D'Andrea, es saber que hay algo más que podemos en ese universo distinto que es el agua. Podemos. Y es saber que podemos más rápido que los otros. Y demostrarnos que la carrera es nuestra. Ganar los cien metros espalda, gringo, es tu revancha contra lo que no se puede. Y vos, gringo, tenés que ganar. Porque tenés que demostrar,  a vos y a todos, que sí podés. Juro que dejé de sentir el dolor de panza. Dejé de sentir la panza misma. Y, claro. Aquel fin de semana de competencia, gané.

 

Dos:  A esa altura de la vida, los héroes de nuestra existencia no eran los de la tele.

En esa me reconozco cachuzo, me dijiste. Nuestros compañeros de escuela querían ser Batman, Robin los más sensibles, Meteoro o el Avispón Verde. Héroe era Ron Ely que se colgaba de las lianas con Chita y un poco más tarde Starsky y Hutch le desafiaban el liderazgo a los Dukes de Hazard. Nosotros, cachuzos, queríamos ser otra cosa. La escuela era la realidad dura de la mañana. La tarde, ya te dije, era la fantasía de ser el héroe de la pileta. Yo quería ser Conrado Porta, te dije, que había entrado octavo en los Juegos Olímpicos en donde el bigote de Spitz todavía no frenaba su desplazamiento. Hoy, todos, se afeitan hasta el dedo gordo, pensaste. Vos querías ser Andrés Cejas, un librista más rápido que la luz y más poderoso que el ganador de las peleas con el Guasón. Tu hermana quería ser la inigualable Cintia Bellotto, una espaldista elegante que ganaba con sólo mirar a sus competidoras, o la inmensa Andrea Neumayer que le había porfiado a su escasa estatura con una disciplina prusiana para ser una de las mejores nadadoras que dio esta país. Todos ellos, Patricia López Muñiz, las hermanas Hernández, las García Borrás y las Benz, el Refu (cilo) Demarchi, el inimitable Claudio Lutotovich, todos los Fredes, la dinastía Gerchovsky, todos ellos y tanto más, eran nuestros héroes.
Había que vernos sentados en los bancos de madera petisos, los bancos digo, viendo entrar a la pileta a esa corte de intocables que llegaban a ganar el torneo rodeados de un aura físicamente superior y espiritualmente distinta. Yo quería el pase a la sangre azul de la dinastía acuática. Después de ellos, el abismo. No había nada más.
Había uno de estos dioses del agua que me afectaba especialmente. Usás "afectaba", me decís, para evitarte la amargura de decir que te derrotaba siempre. Es cierto. Patricio siempre ganaba. No más alto que nosotros, no de un físico tan distinto al nuestro, no más rubio desteñido por el cloro que nosotros. Sólo mejor nadador. Nada menos. El tipo entrenaba en Arroyo Seco. Debía suponerse que "allá" no tendrían todas las técnicas  de adiestramiento físico que teníamos  "acá". Si ganaba, era porque era un tocado por la naturaleza. Ganaba. Era un tocado.
Un día Mario me dijo que iba a competir en los cien metros libre en Talleres de Arroyo Seco. Eso y condenarme al escalón intermedio del podio de medallas, era lo mismo. Yo ya tenía en trámite el pasadizo al olimpo de los semidioses de la natación con mi especialidad en los cien espalda.
Seamos sinceros, me dijiste ahora: todos sabíamos que no íbamos a llegar a héroes consumados. Pero vos, al menos, tenías la chance de ser considerado con ciertos honores (no los mayores, pero) en tu especialidad. Un buen espaldista. ¿Por qué someterte a salir segundo con Patricio en la especialidad de él, los cien libre? Me quise retobar. Mario me fulminó con la mirada. Al rato me quise sentir mal. No me salió cuando la amenaza era no jugar más al water polo al final del entrenamiento. No hubo más remedio. Iba a tener que enfrentar a Patricio, en su ciudad, en su pileta, en su especialidad. Vos podés, la libertad, el agua tibia, el vientre del amor, todo eso me lo dijo Mario.
Y ahí fui.
Cien metros son cuatro piletas cortas, como le decimos a la de veinticinco. El chapuzón cuando explota el sonido de la largada duele como cuando te ponen la antitetánica. Pero en todo el cuerpo. El aire está ahí, las  antiparras sin agua, la malla en su lugar. No hay excusas. Hay que ganar.  La primera pileta fue pareja. Creo que hasta di la vuelta primero. Imperceptible, pero primero. La segunda, me tocó respirar para el lado de Patricio y verlo me amedrentó. Supe que nadaría primero hacia los setenta y cinco metros. Y así fue. Entonces fue el oxígeno. Ya no respirar cada cuatro brazadas sino cada dos. No usar tanto las piernas. Porque no responden. Concentrarte en los codos, porque se elevan con más dificultad. Y esperar el milagro. Que Patricio se canse o que algún compañero me preste a su héroe mentiroso, el Capitán Hielo, para que lo congele. Cuando hundí la cabeza un poco  más para ver si Patricio ya se había despegado de mí, creí en Batman. ¡Yo iba adelante! ¡Yo le podía ganar! Fue, entonces, la última vuelta. De los setenta y cinco metros a la meta. El modo de aprovechar la velocidad para nadar hacia el otro lado cuando se llega al extremo de la pileta se llama "vuelta americana". Es una especie de tumba carnero en el agua que eleva las piernas por el aire para apoyarlas en la pared del extremo. A muchos, a casi todos, nos costó aprenderla. Entra agua en la nariz, hay que saber calcular distancias, no hay que perder velocidad. Di la vuelta primero. Sentí que el calor de mi cuerpo era nada con el de mis talones. Supe que el dolor de brazos era nada con lo que quemaba en mies pies.
Patricio me ganó en el sprint final como hacen los mejores. Con resto, con gallardía, con orgullo. Yo, apenas si llegué y con mis talones abiertos por el golpe que dieron en el borde de la piscina cuando calculé mal la vuelta americana. Me llevaron en camilla, vi por primera vez una ambulancia y me dolió cuando me cosieron con hilo quirúrgico.

Mario D'Andrea, unos los mejores entrenadores de natación que dio la ciudad de Rosario, me miraba sentado en la camilla del dispensario. No se separó un instante. Cuando dejé de llorar (¿por el dolor de talones o de la derrota?) me dijo que Patricio había venido a verme. Sacó de su bolsillo la medalla dorada que el chico de Arroyo Seco había ganado y me la dio.
Dice que es tuya, me dijo. Que nunca nadie le había ganado en la vuelta de los setenta y cinco y que te la merecés.
Mi héroe fue, desde entonces, Patricio.

 

 

 Tres: Patricio Huerga es uno de los mejores nadadores del país de los años ochenta.

Le perdí el rastro hasta que alguien me contó que en Arroyo Seco había un grupo de jóvenes discapacitados motrices, mentales, autistas y  esquizofrénicos que nadaban en el río. Le propuse a mi Jefe hacer un informe periodístico. Cuando llegué a la pileta, supe lo que sospechaba desde siempre. Patricio se abrazaba con dos chicos downs y les preguntaba "¿qué somos nosotros". Ellos gritaban:"TIBURONES!!!!". 
El muy insensato no ha echado panza como este cronista y no ha perdido el pelo. Al menos, usa anteojos. Pero sigue nadando. Comparte su tiempo con (¿treinta?, ¿Cincuenta?, ¿Cien?) hombres y mujeres con todo tipo de discapacidad a los que  enseña a bracear para superar el agua y hacer mil, diez mil metros en el río. Son "LOS TIBURONES DE ARROYO SECO”. Ya hicieron más de una decena de maratones en el Paraná y desde hace unos meses inauguraron el primer complejo en el país en donde nadar sea para todos: discapacitados o no.

Patricio habla poco. Pero ríe mucho. Con sus alumnos, con los padres de ellos, con su familia. Conmigo. Dice que todos somos iguales, que todos somos distintos pero que todos juntos, podemos. Me mira, mira a sus nadadores y ríe de alegría. Y entonces entiendo, hoy a sus y a mis cuarenta y cuatro años, lo que Mario decía. Nadar es lo más parecido a la libertad. Y, en este caso, a la felicidad.

 Todavía te tengo que devolver la medalla, amigo. Desde siempre y por siempre, es tuya. Sin dudas.

 

Los efectos de una buena noticia

Sibila Camps, Sección “Sociedad” Diario Clarín

En materia de fe y de esperanza –dos caras de la misma moneda–, el ser humano es frugal: necesita muy poco combustible para cargarse de fuerzas y arrancar con un buen proyecto; para creer que puede resolver o mejorar un problema propio o de otros seres humanos, y contagiarles su confianza y su entusiasmo.
Ése es el mejor efecto de las buenas noticias. Sobre todo de las protagonizadas por seres humanos tangibles, accesibles, cuya mayor cualidad no son los pergaminos, sino precisamente la humanidad y la cercanía. Lo he comprobado por el efecto de las notas publicadas en Clarín, el diario donde trabajo: las personas y las instituciones que se encuentran en una situación parecida, se inspiran en ese ejemplo para emprender algo similar, o encuentran alicientes para seguir adelante con su propio objetivo.
El haber tenido la oportunidad de difundir el proyecto de natación en río de “Los Tiburones del Paraná” sirvió de estímulo a muchas madres y muchos padres con hijos discapacitados, pues descubrieron que, en ciertos aspectos, sus chicos no tenían techo y sí, en cambio, posibilidades de crecer y de ser felices. Además, varios docentes de natación de distintas provincias vieron que su profesión les permitía encarar una tarea social, y recibir gratificaciones que no las proporciona un empleo común.
La construcción y puesta en marcha del Complejo “Los Tiburones”, ya con la meta y la premisa de integrar y compartir espacios, constituyó una lección positiva que es muy difícil de comprender y de asimilar si no se la vive personalmente. En una sociedad y un sistema premoldeados en el egoísmo y preparados para discriminar a todos y todo lo que no se ajusta a un estereotipo triunfalista, cuesta mucho concebir, imaginar que se pueda convivir públicamente con las innumerables manifestaciones de la diversidad, incluyendo en ella la discapacidad. Quienes trabajamos en los medios de comunicación, por más que algunos tengamos una preocupación o una predisposición por abordar esta problemática, no escapamos de los clisés sociales y vamos aprendiendo sobre el tema a medida que hacemos notas. Y los conceptos de integrar y de convivir –valga la reiteración– son demasiado nuevos en tanto valores preciados que es necesario rescatar e impulsar.
Contrariamente a lo que podría creerse –sobre todo si se piensa en las limitaciones económicas–, es en las comunidades más pequeñas donde resulta más fácil poner en práctica este tipo de proyectos, porque se trata de ciudades o pueblos a escala humana, donde es posible consensuar, sintonizar la misma mística y corregir en conjunto. De ese modo, iniciativas como las que han echado a rodar “Los Tiburones del Paraná” van amasándose y estabilizándose, hasta llegar maduras al punto en que se dan a conocer y se convierten en un ejemplo ya probado para implementar en otras ciudades.
Desde estas comunidades más chicas, a los hacedores de estas hazañas colectivas suele costarles el tomar conciencia de las dimensiones y de las potenciales consecuencias positivas de su emprendimiento. Lo hicieron de manera natural, y porque les resultaba imprescindible. Es probable que la humildad y esa misma naturalidad sean una traba involuntaria para la divulgación del camino recorrido por “Los Tiburones del Paraná”. Pero es necesario que asuman estos logros y que difundan sus experiencias por todo el país, en nombre de todas las personas diferentes –millones– que necesitan con urgencia vivir en una sociedad más justa.

Tiburones en el Paraná
 Noticias que reconfortan

Por el equipo periodístico y técnico de El País del Litoral  (Canal 5 Rosario)   
Los datos sueltos que llegaron aquel día de marzo a la producción del programa hablaban de tiburones en el río Paraná. Y para el cronista y el camarógrafo en cuestión, que por mucho que se jacten de ser bien santafesinos toda la fauna ictícola de este pago que conocen es la que mandan a la parrilla con sal y limón, la nota en ciernes se presentaba más que atractiva. La presencia de escualos en un río de agua dulce y la posibilidad de un cambio accidental o permanente en el biosistema era un asunto que ni el periodista más despistado habría dejado escapar. Pero el aire de enviados especiales del National Geographic se les fue rápidamente cuando José Cazorla –que por algo es el jefe–  intervino para aclararles que se trataba de chicos y jóvenes discapacitados que nadaban en aguas abiertas.
    Después de las risas y convencidos de que la noticia a cubrir prometía ser de las que verdaderamente reconfortan en un oficio pocas veces gratificante, Walter Ventroni y Emilio Lasconi rumbearon hacia Arroyo Seco. Allí los esperaba Patricio Huerga, el propulsor  del proyecto y conductor del programa municipal que posibilita a cada chico o joven discapacitado que se lo proponga, probarse a sí mismo y a otros que enfrentan sus mismas limitaciones que con voluntad inquebrantable, confianza en sus propias aptitudes, amor incondicional por la vida y apoyo de sus familias y sus maestros e instructores, nada es inalcanzable.
   Así lo decía el brillo en los ojos de Patricio cuando respondía a cada pregunta respecto de esos chicos, jóvenes y no tanto que a puro corazón y fe en sí mismos cruzaron a nado uno de los más caudalosos ríos del mundo, una y otra vez desde que el primer “al agua, patos” resonó en la voz de este notable nadador santafesino que decidió abandonar una exitosa carrera en los circuitos internacionales de competición para dedicarse por entero a lo que alguien del equipo de producción, en el momento de editar el material, calificó como “un laburo de Dios”.
   Quizá, las lágrimas de alegría de cada madre, padre o hermano que aplaudió a su tiburón en la llegada, hayan sido las mismas que relampaguearon en la mirada de todos los que hacen el programa cuando la pantalla mostró las primeras imágenes de esos campeones de la vida, que no sólo habían vencido la brava correntada del Paraná; sino también la de su ceguera, su parálisis cerebral o su síndrome de Down, que les hace fuerza en contra cada segundo de su vida y los empuja de mil modos a la desesperanza.
   Por eso, el Plan Municipal de Natación para Chicos Especiales que conduce Patricio con el apoyo esforzado de su mujer, Marisa, es mucho más que un programa apuntado a acercar al deporte a chicos discapacitados. Es la manifestación más saludable de lo mucho que la sociedad puede recibir de las maravillosas capacidades que sí tienen y que sólo necesitan de aquella la comprensión cabal de sus limitaciones para no sentirse ajenos a la vida plena.
   Como periodistas comprometidos con el bien social, como debe ser, los hombres de El País del Litoral que recorren diariamente la provincia para marcar las falencias y destacar los aciertos, encontraron en Arroyo Seco otro sólido puntal para sostener ese compromiso. Y lo encontraron entre chicos que día a día enfrentan el dolor de sus impedimentos físicos con una sonrisa contagiosa; sin pedir nada y dándolo todo, con una dignidad que obliga a todos a hacer una profunda reconsideración del modo en el que se los trata. En algunos casos, con discriminación; en otros, con indiferencia. 
    “Estos pibes son privilegiados de Dios”, se le oyó decir a Patricio. “La vida les jugó feo a estos chicos”, dijo el cronista de un diario. Parecían frases contradictorias, pero no lo eran. Patricio señalaba de dónde sacaban las fuerzas para sortear los obstáculos. El cronista, los obstáculos que habían podido vencer con esas fuerzas.
    Por ese sentimiento unánime y a la hora de decidir cómo iba a presentar El País del Litoral a los tiburoncitos cuando pusiera la primera nota en el aire, hubo absoluta coincidencia en no perderse en eufemismos al referirse a estos chicos y a lo que habían logrado con su esfuerzo y su valentía: dar una señal esperanzadora a otros que, como ellos, tienen algunas de sus capacidades disminuidas y hacer que aquellos que no las tienen puedan superar sus prejuicios para propiciar una efectiva integración, que hasta hoy es más declamada que ejercida. 
   Con esa concepción y consustanciado con el maravilloso proyecto de vida que lidera el bueno de Patricio, El País del Litoral sigue de cerca cada brazada dada por los Tiburones del Paraná. En tanto, el cronista y el camarógrafo renunciaron definitivamente a buscar feroces depredadores del mar en el río y se convirtieron en fervorosos fanáticos de estos tiburoncitos de remera amarilla y corazón enorme.

 

Hay que verlos

Por Stella Maris Montechiari – FM “Asunción” 90.7 Mhz. Arroyo seco

Hay que verlos, indudablemente, hay que verlos.
Hay que verlos disfrutar, esforzarse, compartir, ayudarse, luchar, conmoverse, arriesgarse, sobreponerse.
Creo que la clave de todo es el amor y dedicación que a través de un largo proceso de aprendizaje les brinda seguridad, saben que pueden!!!
Se los anima constantemente y ellos responden de tal manera que, cuando uno los vé, porque hay que verlos en el agua, duda que posean algún impedimento físico. Se podría escribir muchas cosas, pero si tienen oportunidad, véanlo.

 

En busca de la diferencia

Por Canal 6 - Televisión Creativa, Arroyo Seco.

La diferencia de mirar a los ojos con amor,
la diferencia del abrazo sincero,
la diferencia de querer por lo que somos y no por lo que tenemos,
la diferencia de demostrar que se puede vencer un obstáculo con simplemente intentarlo.
La diferencia del esfuerzo por llegar a la meta para demostrar que todo es posible.
La diferencia de construir un mundo donde la discriminación no tiene lugar.

Y  yo....
después de un largo entrenamiento,
después de mucho esfuerzo,
después de cada experiencia vivida,
después de tanto pensar,
después de un extenso tiempo observando detrás de la lente de una cámara...
logro darme cuenta que tal diferencia ya no existe,
ellos me ayudaron a superarla.

Frente al temor que provoca la ignorancia...
¡¡¡gracias tiburones!!! por iluminar nuestro pensar.

 

Chicos con capacidades diferentes

Por Enrique Vignau – Director del Periódico: “Nuevo Temas y Negocios” Arroyo Seco

Dicho así, no dice nada, es un título mas, simple, no mas importante que un equipo de fútbol un grupo coral o una representación artística.
Un día, hace unos cuantos años, alguien hizo “clic” en el sentimiento de poca gente, los atribulados padres de los chicos que hoy nos interesan tanto.
Patricio Huerga era y es el individuo que tiene la cara, la forma y sobretodo el corazón para afrontar con inusitado coraje un cambio sustancial.
El principal cambio es de actitud, nuestra actitud, la de valorar en su justa dimensión a éstos chicos. Esto se consiguió porque a todos, como sociedad, nos hizo falta una demostración, una puesta a prueba. Patricio y sus colaboradores encontraron por el lado de la natación, éste elemento amalgamante entre chicos, padres y la sociedad.
Años de intenso trabajo en natatorio, la ilusión de que algo grande, importante, cada vez estaba mas cerca.
Estaban en franca concepción  “LOS TIBURONES”
Estaba en marcha enfrentar nada mas ni nada menos que el arrogante y caudaloso Río Paraná.
Hoy a mas de 10 años de aquellas enormes primeras experiencias, cuando se ponían a prueba  la logística de apoyo y prevención, cuando había que vencer el lógico miedo, allí nacía realmente éste grupo que tenía muchos actores, todos fundamentales.
Los padres, cada uno con su personalidad, sus costumbres y ansiedades. Creo que Patricio Huerga compartía la tarea con ellos y hasta me animaría a pensar que aprendía de ellos.
Los chicos, que lograron un nivel de autoestima, confianza en sus posibilidades y en muchos casos supieron contagiar con su “suficiencia”.
Fue subiendo la apuesta de Patricio, una y otra vez, año a año, con mas chicos, con mas gente, mayores obstáculos a vencer en el río.
Inolvidables jornadas de llegadas emocionantes y ruidosas en el Rowing Club. Risas y llantos de los que estaban en tierra coronaron cada hazaña, estridentes expresiones de orgullosa alegría en cada joven o niño que demostraba “que podía”.
No puedo dejar de recordar en éste apretado conjunto de reflexiones el apoyo brindado por el entonces Intendente don Pedro Spina.
La política dio lugar a que se proyectara y construyera un Complejo excepcional, la gestión por un lado y la sensibilidad de un Gobernador lo hicieron realidad. Un ejemplo único en el país logrado con tesón, voluntad y trabajo.
Lamentablemente lo que con política se logra, a veces algunos políticos lo embarran pero no importa, el Complejo está, imponente, albergando a éstas almas transparentes que día a día nos dicen “PODEMOS”
Yo estoy seguro que los chicos, sus padres y Patricio estarán maquinando o tramando algo que nunca nos va a dejar de sorprender.  

 

Ese día vi tiburones en el Río

Por Claudio Ferreira (movilero que trabajó en distintos medios de la ciudad de Arroyo Seco)
 

Nunca llegué a imaginar de qué se trataba cuando escuchaba a colegas hablar del tema. Creía que nadie podría describirlos. Pero, sin menospreciar mi simple trabajo de movilero en una radio de la ciudad de Arroyo Seco,  voy intentar contar que fue, lo que vi esa tarde. La espera, la ansiedad, no mía, sino la de esos padres que con un gran orgullo gritaban con una sonrisa MI HIJO YA ESTA EN EL AGUA.
Un tiburón de río muy difícil de imaginar, sus aletas (o sus alas), las aletas las imagino empujando con fuerza hacia adelante cortando el agua. Con sus discapacidades que, debajo del agua marrón, no se ven ni se notan. Sus alas de ángeles que empujan quizás con más fuerzas que las aletas, porque son guiadas por el ser supremo que, estoy seguro, en su altar, como un fanático de club, tiene enmarcada una foto ampliada de estos ángeles tiburones.
Y sin casi pensarla pudieron hasta eso, unir el nombre de un feroz depredador con la bondad y la santidad de un ángel bueno.
No pudo pasar por alto las entrevistas realizadas ese día al los padres, que muy tranquilos disfrutaban de su asadito con sus familias demostrando la confianza en sus hijos y en quienes los guiaba en ese momento: mi querido amigo y compañero Patricio Huerga y su equipo de trabajo.
Años de trabajar con los tiburones y con sus padres, conozco historias que relata un madre, cuando Patricio golpeaba las puertas de domicilios de los chicos para que a partir de ese momento cambiara sus vidas para siempre.
Ideas de un loco o, llamalo como quieras, no les va a importar,  ni a los chicos ni a patricio e inclusive a mi. Esta es una carrera contra nadie. Ni en contra de nadie, es una carrera a favor de la vida del amor de la fe y de la esperanza de proyectos cada vez más grandes.  Esos son los tiburones del Paraná: un sonrisa, un llanto, un abrazo, una mano tendida al entrar y salir del agua y mi llanto interminable al ver los chicos llegar a la costa.

 

El deseo de estar presentes

Por Canal 2, Arroyo Seco

Desde el año 1997, hasta nuestros días los chicos con capacidades diferentes son parte de muestra     idiosincrasia por los efectos que  causaron en la ciudad.
Fue notorio el crecimiento del trabajo que un grupo de padres, chicos y por supuesto el aporte valioso e incondicional del cuerpo de profesores, entre ellos el ideólogo, realizador y fundador; Patricio Hurga, del plan de natación que llevaron a cabo, y a su mayor  logro la posibilidad de  trasladarlo a  las aguas de nuestro del rió Paraná.
Comenzaron en aquel marzo del '98 con una pequeña prueba, pero de gran riesgo. Era la 1º vez que se haría en nuestro país, y por supuesto los involucrados fueron  solo algunos pocos.  Muchos pensamos en la locura de Patricio y decíamos "...este loco va a tirar a los chicos al rió" (con los peligros que significaba un cambio, con las aguas de la pileta). Tuvimos miedos normales, creo,  pero el desafío fue mucho mas importante, se convirtió más que en una simple prueba de la cual, los chicos, superaron con admirable capacidad y desenvolvimiento (todo a raíz de la confianza que les habían brindado). Desde ese momento todos cambiamos la frase de “este loco…”, por la de “ellos pueden”.

Así año tras año la ciudad, la gente de otras localidades, periodistas de medios zonales, fuimos participando no solo como simples espectadores, sino integrándonos a la emoción de las  familias.  La llegada de cada uno de ellos, nos dejaba al limite de las lagrimas, el orgullo de que sean de Arroyo Seco y esta actividad que se convirtió en el deseo de estar presentes, experiencia tras experiencia, con los asistentes, colaboradores, locutores… la integración que los chicos nos realizaban a todos los que estábamos esperando.

Si  nos detenemos un instante, y miramos para atrás, podemos ver cuanto aprendimos de ellos, de su fuerza, de su valentía, de su empeño, de su sinceridad, de su simpleza, de su autenticidad…. Es por  eso que en estos más de 10 años, deseamos que se sientan reconocidos por todos los ciudadanos y por nuestra parte como medio de comunicación, continuar nuestra tarea de apoyo a los padres, profesores y principalmente  a los protagonistas “LOS TIBURONES” porque solo ellos saben del esfuerzo que les implica superar sus dificultades.

Fuerzas, a seguir adelante y nuestras mas grandes y sinceras FELICITACIONES!!!

 

Eduardo Trotte (Camarógrafo) –Mario Herrera “El Duende” (Locutor) – Arroyo Seco

Quizás sea por mi Profesión pero me toca a mí, Mario, escribir esta maravillosa aventura que venimos viviendo, siguiendo año a año a los “tiburones” y sus experiencias, pero el sentimiento es de los dos, indudablemente.
Es difícil. Tenemos imágenes en la memoria, como una película. Y sumamos: sorpresa, admiración, duda, coraje, persistencia, paciencia, impaciencia, audacia, tesón, porfía, superación, sacrificio, constancia, profesionalismo, ternura, cariño, amistad, solidaridad, compañerismo… amor!!!
¿Cómo reunimos todo eso para expresarlo en breves líneas?
Vemos la película.
Vemos a Patricio y los Profes animando a los chicos para entrar a la pileta, luego al río. Vemos a los padres con sus miedos, sus dudas, sus esperanzas. La película de cada conquista. Vemos a los “tiburones” ganando las competencias del Torneo Nacional de Paraná.
Escuchamos el “falta tan poquito!!!” gritando, momentos antes de largar el Maratón Santa Fe – Arroyo Seco.
Vemos la puerta del Barco que se abre y solo los esperaba la oscuridad de la noche y el agua de un río que se veía inmenso bajo la luna llena.
Vemos y escuchamos que desde la negrura del Paraná gritaban: “¡Para dónde nado!”, sin miedo, con alegría y la absoluta convicción del que sabe que puede, ¡Que puede!
Vemos los versos de Dora Delorenzi concretándose en la luna sobre el agua, o el rojo del sol al amanecer.

(Ahora escribo yo solo)
Veo  a Cachito, ¡que no sabe nadar!!!, haciendo equilibrio sobre la canoa para tomar la mejor imagen y escucho a los nadadores, desde el agua, que le gritan: “¡Filmame lindo Cachito!, ¡Mañana contalo en la radio Duende!

Vemos las llegadas, sí “las” llegadas, porque todas fueron cargadas de la misma emoción. Miles de personas saludando desde la tierra, los “tiburones” que pisan la arena del Rowing Club. Los abrazos, las caras de felicidad, el orgullo de todos por este puñado de héroes.

Y ahora veo de nuevo a Cacho “equilibrista”, que se desespera, que ordena que quiere captar en su cámara hasta el último detalle y me grita:  ¡Dále, habla, habla!!!, y el nudo en mi garganta que se mezcla con las lágrimas y sólo sé que dije algo porque ahora lo estoy viendo en el video. Sí hay una película en mi mente. Imposible de escribir porque hay emociones tan fuertes que son imposibles de describir.

Vemos la película otra vez, vuelve el nudo a la garganta y las lágrimas que mojan esta hoja,…  pero es de orgullo, de felicidad, por nuestros amigos “los tiburones” que lo lograron, otra vez y otra vez.

P/D  Cachito y yo ya estamos preparados para la próxima.

 

Un canto a la vida

Por Norberto Olivera de “El Urbano Regional” – Arroyo Seco

El intento de aquellos seres humanos que luchan cotidianamente por ser mejores trasciende lo valorable; sublimiza y ennoblece su existencia haciéndola digna de las virtudes que afloran en todos los actos de su vida.
Con distintos matices cada persona que posee esa virtud de luchar para conseguir metas altruistas, poniendo acción y pasión en función al logro del objetivo señalado, pierde el sentido de la individualidad, como en este caso particular, haciendo girar su esfuerzo en beneficio de quienes más lo necesitan.

Patricio Huerga es un claro ejemplo de lo que mencionamos precedentemente; un hombre con gran voluntad, capacidad de trabajo, dedicación y amor al prójimo creó “LOS TIBURONES”. Adolescentes  y niños especiales, LOS TIBURONES  son poseedores de una experiencia en una disciplina: natación,  que requiere una serie de condiciones importantes para poder desarrollarla en plenitud, sobresaliendo su trabajo en el Río Paraná con brillante éxito.

Y lo consiguieron, porque de la mano de él, estos jóvenes se demostraron a sí mismos y a sus seres queridos que la voluntad y el arduo trabajo todo lo puede; a pesar de los problemas que a cada uno de ellos les toca vivir, nada pudo ni podrá detener el ansia de superación que se manifiesta en estos auténticos actos de vida que los hace felices y los amalgama con la sociedad.

No es caer en un lugar común decir que este es un verdadero "Canto a la vida", porque asume la significación más plena que aún con todo lo difícil que a veces se nos presenta, vale la pena vivirla en plenitud con amor y esperanza.

PATRICIO HUERGA Director del Plan Municipal de Natación, Sub-Secretario de Personas con Discapacidad de la Provincia, y su grupo de pequeños grandes deportistas:   un orgullo para Arroyo Seco y el País.                                              

 

Una noticia que hizo historia

Por Radio Arroyo Seco, 91.5 Mhz.

Corría el año 1997 y a nuestra mesa de trabajo nos llegaba un parte de prensa de la Municipalidad de Arroyo Seco donde se nos informaba a cerca del inicio del Plan Municipal de Natación para chicos especiales dirigido a los alumnos de la Escuela Especial 'Ceferino Namuncura', en particular y a los chicos especiales de toda la zona, invitándolos a sumarse a esta nueva actividad que con el tiempo traería muchos beneficios.
Patricio Huerga, el responsable directo de este proyecto, un ser humano con un don especial preparado para estar en contacto de estos chicos, apoyado desde el primer día por el Intendente en ese entonces Don Pedro Spina.
Como comunicadores sociales difundíamos la noticia que comenzaba a despertar el interés de nuestra audiencia, hasta que llegado el mes de marzo de 1998 los frutos de este plan comenzaban a asomarse con los preparativos de la 'Primera Experiencia de Nado en Río con Chicos Especiales'. Siete eran los chicos con distintas patologías que por primera vez en el país y en el mundo se animaban a nadar en el Río Paraná.
Grande fue nuestra sorpresa ante esta noticia, al darle difusión comenzaron a llover los llamados de nuestra audiencia expresando naturalmente su temor por la seguridad de los chicos en el río ante una experiencia que jamás se había realizado. No podemos dejar de reconocer que nosotros también tuvimos temor ante tan gran desafío. Temor que corre por las venas de aquellos que también practican cualquier deporte en el mundo. Allí comenzamos a entender la intención de Huerga: insertar a los chicos con capacidades diferentes enfrontándolos y preparándolos para vencer sus propios miedos con igualdad de condiciones de cualquier deportista ante un desafío muy importante. Nosotros como medio de comunicación palpitábamos junto a ellos la emoción, las lágrimas de alegría al ver que ellos, que durante tanto tiempo estuvieron en el anonimato, hoy le mostraban al mundo que no existen discapacidades cuando se quiere llegar a la meta.
Los Tiburones, desde la primera experiencia hasta el día de hoy, año tras año nos siguen sorprendiendo como ejemplos de vida. Pasaron 10 años y hoy ya cuentan con su complejo integral para personas con discapacidad, abierto a la comunidad, un orgullo único en todo el país. FM 91.5 Radio Arroyo Seco agradece a los Tiburones y Patricio Huerga por hacernos participes de cada logro realizado hasta este día enseñándonos que la igualdad es posible.          

 

Testimonios   I         Medios de Comunicación que nos han acompañado en estos 10 años 

Testimonios   II        De algunas familias  participantes

Testimonios   III      De “Los Tiburones”  y algunos amigos atletas que han nadado con nosotros

 

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Tiburones del Paraná - Experiencia de nado en rio con chicos especiales
Ciudad de Arroyo Seco - Provincia de Santa Fe - República Argentina